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viernes, 10 de marzo de 2017

Presentación de "El alba inacabada", de ALICIA MARÍA EXPÓSITO.



“El Alba inacabada”,
De Alicia María Expósito.

Presentación: Patio del Ayuntamiento
 18 de febrero de 2017, 19 h.
 por Dori Hernández Montalbán.

Alicia María Expósito nos ha encargado la agradable tarea, aunque no fácil, de hablar de poesía esta tarde, hablar de su poesía. Responsabilidad que he asumido sin vacilar y, honor inmerecido que le agradezco enormemente.
Quienes me conocéis sabéis que no puedo entender la vida sin poesía, sin arte, en definitiva; y que estoy siempre dispuesta a reivindicar a través de las manifestaciones artísticas un mundo más justo. Como creo que poesía y arte están interrelacionados entre sí a través de vasos comunicantes, a través de diferentes y diversas energías, llegados a este punto conviene preguntarse ¿qué energía fundamental es la que alimenta la poesía.
Toda poesía, en mi opinión, ha de tener corazón, y como consecuencia ha de contener verdad, pues sin verdad la poesía se convierte en simple ornamento, en retórica pura, estampitas amarillas para decorar la casa. Por eso, al leer el poemario de Alicia María me invadió una profunda emoción, al comprobar que la poesía de Alicia está llena de verdad que es igual a belleza, y además, ese corazón que desemboca en verdad, que es igual a belleza es necesario.
La verdad se hace cada día más necesaria, más en este preciso momento en el que vivimos, en este mundo desubicado y en exceso pragmático en el que todos estamos inmersos y no sabemos a dónde parará. Esta desnudez, yo diría, es casi revolucionaria, porque atenta contra toda falsedad e hipocresía. Por eso –los verdaderos poetas- como lo es Alicia María Expósito, a través de su íntima y verdadera visión del universo interior, se baja del carro, de lo farragoso de este mundo, prescinde de oropeles y se instala en la hermosa poesía de la verdad. Esa serena verdad que pone en sintonía cuerpo y alma, que la lleva a la raíz de sus emociones y las convierte en armoniosa melodía. Por lo tanto, apostar por esta poesía de la verdad, implica creer en lo más auténtico y fidedigno del ser humano y efectivamente, la poesía de Alicia bebe de esta tierna esencia, de su íntima verdad. Así las cosas, creo que ella, la poeta y la maravillosa mujer que es Alicia, se ven reflejados en su poesía; inclusive en aquellos márgenes de bruma dolorosa. Eso sí, una vez han sido alumbrados por este Alba inacabada, que no es otra cosa que un permanente amanecer de vida y esperanza.
Al terminar de leer el poemario de Alicia, inmediatamente le escribí un correo diciéndole lo mucho que me había conmovido su poesía:

“Eres inmensa, grande, qué difícil contener ese torrente de vida y expresarlo tan magistralmente. Un abrazo.”

En cuanto a la estructuración del poemario considero que está muy bien estructurado y precisamente expresado en la sinopsis realizada por Jorge Rafael Marruecos Hernández que aparece en la contraportada.
Nuestro cometido no es otro que acompañar a Alicia María en este nuevo vuelo de su segundo poemario. Ahora toca a los lectores disfrutar de sus versos y a los críticos literarios opinar sobre ellos. Una vez que la obra se publica, deja un poco de ser nuestra para ser de todos pero no olvides, Alicia, que los críticos suelen ser como los ornitólogos, que saben todo del pájaro pero no pueden hacerlo volar, pues sólo él conoce el misterio de su vuelo.

Enhorabuena y a volar. 

martes, 7 de marzo de 2017

Manuel Bravo Palacios, el amor terrenal de Josefa Segovia, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN



El año pasado se llevaba a la pantalla la película “Poveda” de Goya producciones, dirigida por Pablo Moreno. La historia del párroco de las Cuevas de Guadix, actualmente Santo, Pedro Poveda, se trasladaba a las pantallas de los cines con gran éxito de taquilla y crítica.
El sacerdote y pedagogo realizó su labor misionera en Guadix, fundando las Escuelas del Sagrado Corazón, actual colegio que lleva su nombre, aplicando los métodos de la Escuela Nueva. Su trabajo despertó la admiración, y también, la envidia de propios y ajenos. 
Es de destacar su interés por la formación de la mujer, cuando abre una academia pedagógica femenina para estudiantes de magisterio y más tarde crea la Institución Teresiana de la mano de la joven estudiante Josefa Segovia Morón.
¿Quién era Josefa Segovia? conocida por los allegados como Pepita, fue una muchacha de Jaén que nació en 1891, hija de un matrimonio joven de modestos recursos: don Manuel Segovia y Doña Dolores Morón, la segunda de una familia numerosa.
Por el tiempo en que Pedro Poveda le ofrece la dirección de una de sus academias tenía 22 años. Había cursado dos cursos en la Escuela Superior de Magisterio de Madrid y se había trasladado a Jaén para cursar el tercero, dedicado a Prácticas y Memoria, según ella misma afirmó: por amor.
Desde los trece hasta casi los dieciocho años de edad, Pepita estudió en la Escuela Normal de Magisterio de Granada. Vivía en la Calle Horno del Haza, en el número 3, con sus tías Matilde e Isabel y sus abuelos. A partir de los diecisiete años, su salud comienza a decaer; una dolencia de estómago de la que nunca terminó de curarse. Su hermana Lola la describe como una muchacha simpática, servicial, nada presuntuosa por estar cursando estudios. Su piedad era “corriente”.  Aunque la familia materna de Granada era más practicante que la paterna. Mujer muy inteligente, que tuvo que realizar grandes esfuerzos y superar dificultades en el hogar de los abuelos y tías de granada, donde conjugaba la colaboración en el hogar con los estudios.
Preocupadas por su salud, las tías no quieren que esté encerrada en casa, confiaban en que saldría airosa de sus estudios, como la habían visto en otras ocasiones. La mandan a la Plaza de los lobos a tomar el aire. Los muchachos de la vecindad, miembros de familias amigas de los Morón, acuden allí. “¡Pepita era muy bonita, muy bonita!” –decía su tía Matilde.
Es en esta plaza, seguramente, donde Pepita comienza sus relaciones con un joven estudiante de Medicina, Manuel Bravo Palacios, a los dieciséis años.
Manuel Bravo Palacios, cuyas raíces familiares proceden, curiosamente de Guadix, era hijo de Manuel Bravo Caldas, Juez de Primera instancia y de Pilar Palacios Vilches, natural de Lucena, cuyo testigo de bodas fue el escritor accitano Pedro Antonio de Alarcón. Manuel Bravo Palacios nació en Arcos de la Frontera, el 7 de abril de 1890, donde su padre estaba destinado.
Joven apuesto e inteligente, el primero de su promoción en la Facultad de Medicina, Manuel Bravo Palacios era todo un caballero. Demetria, la niñera que cuidó de sus hijos, que actualmente tiene 94 años de edad, no se cansa de decirlo: ¡era un señor! Alto, de ojos azules, sombrero y reloj de bolsillo.
Estuvo muy enamorado de Pepita y su relación era aprobada por ambas familias. La muchacha en una carta que escribe a su padre solicitando su permiso para hacerse su novia lo describe así: “Es estudiante de Medicina y lleva la carrera muy adelantada, de muy buena familia, muy buen hijo; el único defecto que le he encontrado siempre es que ha tenido muchas novias aunque desde que está detrás de mi sé con seguridad que no mira a ninguna”. Don Manuel Segovia dio permiso a su hija. Mantuvieron un noviazgo de 8 años, durante el cual Pepita no descuidó sus estudios.
Cuando el sacerdote visitó la casa de Pepita en Jaén, ella se hallaba en estas circunstancias. Las mujeres que estudiaban en la época, la mayoría de las veces no ejercían su profesión, pues estos estudios se consideraban, en ocasiones, un complemento que dotaba de cultura a las futuras esposas de familias acomodadas. Se apasionó por el proyecto de Poveda desde el inicio. Dirigir una academia era una oportunidad que no se le ofrecía a cualquier mujer en aquellos tiempos. Josefa Segovia comprendió más tarde que la creación de la Academia formaba parte de un proyecto más amplio: la Obra Teresiana.
La relación continuó hasta 1915, por entonces Manuel ejercía de médico en el pueblo Jienense de Los Villares, él eligió este destino por estar cerca de su novia, en espera de que pepita obtuviera su Cátedra para decidir su destino definitivo. Pepita fue nombrada Inspectora de Orense. La noche antes de marcharse, la familia comentaba durante la cena, la inconveniencia de que una mujer tan joven, se marchara sola. Entonces Manuel Bravo dijo que lo mejor era casarse y que él pidiera destino allí. Pepita en ese momento cortó tajantemente la relación ante el asombro de todos. La familia de Manuel dice que la despedida se hizo a través de una carta que la novia le escribió, que Manuel llegó a la casa con la expresión desencajada y que su madre, preocupada, la sacó del bolsillo del abrigo más tarde y la leyó.
Tuvieron que pasar 11 años para que Manuel se casara con Concepción Cárdenas, con la que tuvo 5 hijos Concepción, Pilar, Manuel, Rosa y Pepito. Manuel murió joven, con 52 años, un . Su amor por Pepita fue muy grande.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Nuevas luces sobre la familia de Diego de Guadix, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN.

    


    El archivo Diocesano de Guadix sigue dando frutos, entre los documentos hallados que don José Rivera Tubilla, de forma voluntaria está catalogando, se encuentra un pleito  de 1592 muy curioso del que trascribo un fragmento. 
    El demandante es, ni más ni menos que el hermano del Padre Diego de Guadix, un franciscano, arabista y lexicógrafo, autor del Diccionario de arabismos: recopilación de algunos nombres arábigos, del que el mismo Sebastián de Covarrubias bebió para elaborar el suyo propio. Pero además de este descubrimiento, tras leer la biografía del fraile erudito, en lo que lo emparentan con la familia Barrero citando a su sobrino Juan Villalta y Barrero, vemos que una lápida que antes estuvo en el Convento de San Francisco recientemente restaurado, que ahora se halla en el Archivo Diocesano, es la lápida familiar de la familia Villalta. En la biografía preliminar al diccionario, se dice que Diego de Guadix fue enterrado en el convento franciscano de su ciudad. Documentación y epigrafía, atan cabos.

    “Alonso de Bega y Barrero Vº (vecino) desta ciudad y familiar del Santo Oficio, en ella como mejor de derecho lugar aya aparezco ante Vmd. (Vuestra Merced) y digo que entre los hijos que tuvimos Ynes de Molina mi mujer y yo fue Alonso Barrero clérigo Presbítero Beneficiado que al presente es del lugar de Purullena y de la villa de Zafra, Obispado de Badaxoz al qual yo crie y alimente con mucho cuydado y diligencia y le di estudio y mediante lo susodicho se ordeno y le di en patrimonio quatrocientos ducados para que se ordenase señalados sobre unas cassas principales en la parrochia de Santiago y Fray Diego de Guadix mi hermano de la orden de Sto. Francisco para remediar mi necesidad y pobreza ynpetro el Beneficio de la villa de Zabra para el dicho Alonso Barrero mi hijo y ntro. Muy Stº Padre Clemente octavo le hizo gracia del y lo posee quieta e pacíficamente  para todo lo qual yo y el dicho mi hermano pusimos todos los medios umanos y justos y yo por sustentar al dicho mi hijo consumi toda mi hacienda quedando yo crisimo sin tener con que me poder sustentar ni a mi mujer y ntros. hijos y el susodicho olvidado de su obligación el y de la reverencia paternal y de lo que (,,,) esta obligado no me acude  ni  remedia antes me deja padecer y sufrir necesidad y aunque muchas veces le e pedido y rogado por descargo de su conciencia y por lo que debe a su abito y orden sacerdotal y por lo que esta obligado me remedie acuda y favorezca con la mitad a lo menos de los frutos de los dichos beneficios no lo a querido ni quiere hacer antes los disipa y gasta a su voluntad sin querer como dicho es remediarme, por tanto a Vmd. Pido y suplico atento a lo susodicho y a aquel dicho Alonso Barrero es el hijo mayor que tengo y el qual a consumido totalmente toda mi hacienda por su sentencia que en tal casso lugar aya le condene a que en cada un año durante  los días de mi vida y suyos me alimone y de el sustento necesario, señalando una cosa justa de lo que así goza y disfruta de la renta de dichos beneficios pues es justicia que pido y en lo necesario …”

miércoles, 30 de noviembre de 2016

SOBRE UNOS HUESOS HALLADOS JUNTO A LAS CUEVAS DE SAN TORCUATO EN 1618, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN.

   


   El Archivo Diocesano de Guadix es una fuente inagotable de testimonios curiosos que poco a poco van saliendo a la luz gracias a los investigadores y personal que forma parte del equipo de trabajo. Uno de esos documentos es el relativo a unos huesos encontrados en las cuevas de “Face retama”.  Se trata de un auto que se hizo para averiguar el paradero de un arca que el Obispo Juan de Orozco y Covarrubias guardó durante un tiempo, y que contenía los huesos de un cuerpo hallado en una sepultura cerca de las cuevas de San Torcuato. A la muerte del obispo, el arca fue llevada a la Sacristía y después, por mandato del señor Deán se llevaron a la Sala de rentas, junto a la Carbonería, tal como dice en el enunciado del documento. Seguidamente trascribo un fragmento:

“En la ciudad de Guadix a treinta días de mes de marzo de mil y seiscientos y diezyocho años el Sr. Dor. Don Gmo. Ruiz de Carrasquilla Prior de esta Sta. Yglesia y gobernador en lo espiritual y temporal de todo este obispado por Don. Gmo. De Herrera Obispo de Guadix y Baça (…)= que ara como seis o siete años poco mas o menos que en las cuevas de Sr. San Torquato en cierta sepultura se hallaron unos huesos por lo que se dio noticia al Sr. don Juan Horozco de Covarruvias y Leyva obispo desta ciudad defunto y el dicho sr. obispo fue a las dichas cuevas y de la dicha sepultura saco los dichos huesos y los metió en un arca y con mucha veneración los trajo y los tuvo en su casa por entender que hallándose aquellos huesos en lugar donde se dice estuvo enterrado San Torquato serian los huesos de algún otro santo y el dicho Sr. Obispo estando en la aberiguacion desto fue dios servido llevarle de esta presste. vida y que después de muerto llevaron la dicha arca con los huesos a la sacristía desta Sta. Yglesia en donde han estado hasta que su mrd. es ynformado faltan la dicha arca y guessos de la dicha sacristia por lo que su mrd. Mando hacer ynformacion de todo lo susodicho y la cometió al presente notº. para que ante el y en su presencia se examinen los testigos que esta causa dixeren. Y anssi (…)”
   
  El Obispo Juan de Orozco y Covarrubias (1606-1610), fue hermano del famoso lexicólogo, criptógrafo y capellán del rey Felipe II, Sebastián de Covarrubias. Nuestro prelado fue hombre de gran erudición, autor de los famosos “Emblemas morales”, libro que se encuentra en nuestro archivo. El obispo ya se interesaba por las reliquias, pues antes de ser obispo de Guadix, lo fue de Agrigento en Sicilia. Desde un monasterio de Agrigento trajo una santa espina, una muela de San Paulino que estaba en la Ermita de Sotera, en Sicilia y que le había entregado el Capitán Silvera engastada en oro, un hueso del hombro del Beato Mateo, Obispo de Agrigento, en Palarmo, un hueso de la garganta de San Jorge…, etc. Es posible que al llegar a la sede accitana mostrara gran interés por el lugar donde tradicionalmente se contaba, había sufrido martirio San Torcuato. Más cuando su predecesor, Don Juan de Fonseca y Guzmán fue el encargado de recuperar las reliquias del santo desde Celanova.

   No es el único testimonio de la existencia de una sepultura cerca del lugar donde, según la leyenda, sufrió martirio el santo accitano, en la comunicación del historiador J. M. García fuentes, Datos para la Historia de la Inquisición en Granada, recoge el proceso inquisitorial a un morisco llamado Bernardino Mençafí en recuerdo (de cuya familia nos queda una calle en Guadix: “Mensafíes”), fechado en 25 de mayo de 1578, en el cual declara que estando en el campo, cerca del lugar de San Torcuato se encontró con otro morisco, y preguntando sobre una sepultura cubierta con un montón de piedras, el morisco le dijo que aquel no era el sepulcro del santo, sino de un moro santo que allí murió:
“Bernardino de Benavides Mençafí, morisco, vecino de Guadix, vue testificado por tres testigos, que estando en el campo fuera de Guadix, donde estaba un montón de piedras y dicen que aparecen allí unas lumbres que dicen de Sant Torcato, no son de Sant Torcato sino deste moro santo que allí murió; fue preso y a las moniciones do dixo nada, y la acusación dixo que etando en el lugar ya dicho estaba allí un morisco que guardaba vacas y que había preguntado si aquel majano de piedras si era el sepulcro de Sant Torcato y que le había respondido que no era, sino que estaba enterrado un moro que era un hombre bienaventurado y que con esto se fue a su casa, y que al cabo de algunos días yendo a casa, con otros pasaron por donde estaba el dicho mojano de piedras y que el había dixo, fulano me dixo nombrándole, que aquí estaba enterrado un moro santo y que los compañeros no le dixeron nombre y que contado después a un amo suyo, que era menester confesarlo y que él lo había confesado y que le habían dado por penitencia que ayunase todos los viernes del año que pudiere y que diese dos fanegas de trigo en limosna y que ya la había complido y que no dixo más tocante a los hombres y por la intención dixo que no lo creyó; hízose su proceso y perseveró en esto y dio defensas y hechas la diligencia por la intención confesó haberlo creido y haber tenido la ley de los moros por  buena desde que se lo dixo el morisco hasta que dixo las dichas palabras, aunque no confesó haber hecho alguna ceremonia de la dicha ley puesto que le dijo un morisco como se hacia la cosa y el ayuno de los moros: fue rescibido con hábito y corcel perpetuo y galeras por seis años”.
    Lo que se deduce de este testimonio del infortunado morisco y de lo contenido en el anterior es que el lugar de Face Retama, tiene una tradición sagrada desde tiempo inmemorial. Que los andalusíes asimilaron de culturas anteriores. El pobre Bernardino fue injustamente condenado a galeras, pues no hizo sino repetir, seguramente, lo que había estado escuchando de sus antepasados de generación en generación.
Sabemos que una tumba cubierta de piedras existió en 1578, en tiempos del morisco Mençafí y también que se encontraron unos huesos en tiempos del Obispo Covarrubias.

¿Pensaría el Obispo Juan Orozco de Cobarrubias que las verdaderas reliquias fueron las halladas en 1610 y no las que fueron recuperadas de Celanova?

martes, 18 de octubre de 2016

Identificación de sacerdotes accitanos mártires.


Joaquín Gisbert Aguilera
Gabriel Olivares Roda.

Son diez los mártires de Guadix que van a ser beatificados. Tenemos fotografía tan sólo del Padre Gabriel Olivares Roda y de Joaquín Gisbert Aguilera. Nos faltan de todos los demás. Será del mayor interés poder contar con todas vuestras colaboraciones para encontrar a familiares o instituciones que puedan conservar algunas fotos de dichos mártires. Cualquier aportación podéis enviarla a: 

infoarchivo@diocesisdeguadix.es


Los nombres de los sacerdotes relacionados de alguna manera con la diócesis de Guadix es la siguiente:



- Joaquín Gisbert Aguilera, Cura Ecónomo de Doña María (Almería). Nació en La Calahorra,  el 14 de abril de 1903, donde fue bautizado al día siguiente. El 24 de mayo de 1926 fue ordenado sacerdote en Guadix. Fue asesinado el 13 de septiembre de 1936 en el Pozo de Cantavieja, del municipio de Tahal, provincia de Almería.



- Aurelio Leyva Garzón, Coadjutor de la Parroquia de Santiago en Guadix. Nació en Guadix,  el 24 de noviembre de 1877, siendo bautizado al día siguiente en la Parroquia de Santiago de esta ciudad. El 21 de diciembre de 1901 fue ordenado sacerdote en Guadix. Fue asesinado el 30 de agosto de 1936 en el Barranco del Chisme, del municipio de Enix, provincia de Almería.



- Santiago Mesa Leyva, Beneficiado de la Catedral de Guadix. Nació en Guadix, el 13 de febrero de 1875, y fue bautizado a los nueve días en la Parroquia de San Miguel de esta ciudad. El 22 de diciembre de 1900 fue ordenado sacerdote en Guadix. Fue asesinado el 30 de agosto de 1936 en el Barranco del Chisme, del municipio de Enix, provincia de Almería.



- Torcuato Pérez López, Sacristán Mayor de la Catedral de Guadix. Nació en Guadix,  el 4 de junio de 1881, donde fue bautizado dos días después en la Parroquia de Santa Ana. El 27 de mayo de 1904 fue ordenado sacerdote en Guadix. Fue asesinado el 30 de agosto de 1936 en el Barranco del Chisme, del municipio de Enix, provincia de Almería.



- Aquilino Rivera Tamargo, Coadjutor de la Parroquia de Huéscar. Nació en Peal de Becerro, provincia y diócesis de Jaén, el  4 de enero de 1907. El 15 de abril de 1933 fue ordenado sacerdote. Fue asesinado el 22 de noviembre de 1936 en el Cementerio de Almería.



-  Francisco Martínez Garrido, Párroco de Huéscar. Nació en Siles, provincia y diócesis de Jaén el 28 de noviembre de 1876. Fue ordenado sacerdote en 1892. Fue asesinado 14 de enero de 1938 en la cárcel de Vélez Rubio, provincia de Almería.



- Gabriel Olivares Roda, Padre Franciscano. Nació en Baza, el 10 de marzo de 1888, donde fue bautizado en su Parroquia de San Juan. Profesó en la Orden Franciscana en 1907, siendo ordenado sacerdote el 17 de noviembre de 1912. Destinado a la Comunidad de Almería, fue asesinado el 21 de diciembre de 1936 en el Campamento de Viator, provincia de Almería.



- Manuel Alcayde Pérez, Coadjutor de Fiñana. Nació en Fiñana, provincia de Almería aunque en aquellos años pertenecía a la diócesis de Guadix, el 15 de febrero de 1879. Estudió en el Seminario de Guadix. El 23 de septiembre de 1893 fue ordenado sacerdote en Almería con dimisorias del Obispo de Guadix. Fue asesinado el 18 de septiembre de 1936 en la Cuesta de la Reina, en Nacimiento, provincia de Almería.



- Melitón Martínez Gómez, Párroco de Fiñaña. Nació en Jérez del Marquesado, el 10 de marzo de 1878, donde fue bautizado ese mismo día. El 1 de junio de 1901 fue ordenado sacerdote en Guadix. Fue asesinado el 18 de septiembre de 1936 en la Cuesta de la Reina, en Nacimiento, provincia de Almería.



- Antonio Torres García, Párroco de Santiago de Guadix. Nació en Caniles, el 24 de abril de 1890, siendo bautizado siete días después en esta Parroquia. El 14 de marzo de 1915 fue ordenado sacerdote en Roma. Fue asesinado el 29 de septiembre 1936 en el Polvorín, término municipal de Serón, provincia de Almería.




viernes, 7 de octubre de 2016

Petición de Juan Pomarate, francés, para que le den carta recomendatoria para ir de peregrinación a Santiago de Compostela y poder pedir limosna por donde va pasando. (1697)




(Trascripción actualizada)
En la ciudad de Guadix a nueve días del mes de abril de mil seiscientos noventa y siete años, ante S.M. (su merced) el  Doctor D. Luis de Morales y Ortega, Canónigo de la Santa Iglesia Catedral  de esta ciudad, Provisor y Vicario General en ella y su Obispado; pareció Juan Pomarate de nación francés, vecino de esta ciudad y dijo que para más bien servir a Dios Ntro. Señor y con su gracia y bendición tiene hecho voto y promesa de su voluntad de ir en romería a visitar el Santuario y Reliquias del Apóstol  Santiago de Galicia y que lo susodicho no lo hace por vaguear ni por otro fin más de por cumplir su romería, pidió y suplicó a S. M.  que en vista de la información que ofrece de lo susodicho se mande despachar su carta de recomendación para todas y cualesquier justicias eclesiásticas y seculares, para que le dejen ir y pasar su romería libremente y para que le dejen pedir limosna para ayuda a pasar su viaje y pidió Justicia.
Auto:
Y por su M.D. visto el pedimento de suso mandó que la parte en él mencionada de la información y para ella comisión al presente notario, y que dicha se haga para proveer justicia y lo firmó=   (Firma).
Testigo:
En la dicha ciudad de Guadix en el dicho día once de abril del dicho año en cumplimiento del auto de arriba y por lo en él contenido Pedro Pas… (digo Juan Pamarate) mencionado en el pedimento antes escrito, presentó por testigo a Juan de Logares, vecino de esta ciudad, de ejercicio calderero del cual yo el notario (…) recibí juramento y el susodicho lo hizo a Dios, y a una cruz en forma de derecho y prometió decir verdad y preguntado por el tenor del dicho pedimento, dijo que conoce de vista, trato y comunicación a el que lo presenta por testigo de seis años a esta parte, así en esta ciudad como en el lugar de Paterna de las Alpujarras y que le ha oído decir tiene prometido de ir en romería a Santiago de Galicia de su voluntad, y no por otro fin, que no sabe lo haga por ir vagueando ni por excusarse el trabajar, ni por delito que (…) sí solo por cumplir su buen propósito, y que es por ser temerosa de dios y de su conciencia y de ajustados y honrados procedimientos y lo sabe por haberlo tenido en su compañía (…) trabajando a su oficio y que esto que ha dicho es la verdad so cargo de su juramento y es de edad de cuarenta años, y lo firmó= (firma)

Transcripción de Carmen Hernández Montalbán.

jueves, 19 de mayo de 2016

Origen y genealogía de Lorenzo Ferrer Maldonado, el marinero accitano que guió a Amundsen, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN.


   Son numerosos los personajes históricos que han nacido, se han criado o tienen un vínculo con nuestra ciudad. Personajes pintorescos, cuya vida ha despertado interés en escritores y periodistas, uno de ellos fue el militar, astrólogo, alquimista, marino y embaucador Lorenzo Ferrer Maldonado, que vivió en la segunda mitad del siglo XVI.

   Investigadores accitanos como Asenjo Sedano, José Rivera Tubilla o Julio García de los Reyes se han ocupado de él en sus artículos, también otros foráneos como Guadalupe Fernández Morente, Ignacio Fernández Vial, José Luis Sánchez Hachero, Martín Fernández de Navarrete, Juan Pimentel, Marcial Pons, etc. También ha inspirado una novela de Carlos Alonso Mendizábal, “Lorenzo Ferrer Maldonado, el misterio del paso del nordeste”.

   Su fama de impostor ha sido tal que ha eclipsado cualquier posibilidad de crédito a sus afirmaciones como: que había inventado la aguja fija de navegación, que era capaz de transformar cualquier metal en oro, pues había encontrado la clavícula de Salomón, tan codiciada en el mundo de la alquimia o haber descubierto el Paso de las aguas del Atlántico al Pacífico, que él bautizó, ya antes de haberlo navegado, como el estrecho de Anián del que llegó a escribir un extenso memorial que presentó a Felipe III.

   ¿Quién era Lorenzo?, Hijo de Juan Ferrer y nieto de Lorenzo Ferrer, genoveses afincados en Berja, y de Doña Inés Maldonado natural de Guadix. Su padre murió durante la Rebelión de los moriscos en Berja.

   Se pueden conocer estos datos en las pruebas de limpieza de Sangre que se hicieron al Racionero Pedro Ferrer Maldonado en 1610, hijo de nuestro personaje, en las que se toma declaración a varios testigos en los lugares de donde procedían sus antepasados paternos y maternos: Berja, Guadix, Úbeda y Cazorla. Las pruebas se hallan en el Archivo Diocesano de Guadix.
   
   En Guadix se toma declaración al Capitán Payo de Rivera que declara:

   “Que este tº (testigo) conoció a Juan Ferrer y a Doña Inés Maldonado su lixitima mujer padre y madre del dicho Lorenzo Ferrer y abuelos paternos del dicho Pedro Ferrer Maldonado de cuya información se trata, save que los susodichos fueron Vºs. (vecinos) de la villa de Verxa de las alpuxarras y allí lo vido este tº (testigo) hacer vida maridable como tales marido y mujer lexitimos poco tiempo antes de la rebelión y levantamiento de este reino de granada y en el tiempo de dicha rebelión save este tº. que los moros martirizaron al dicho Juan Ferrer que murió en una torre suya en la dicha villa de Verxa y porque ansi fue cosa pública y notoria en esta villa y la dicha Ynes Maldonado su mujer se vino a vivir a esta ciudad de donde era natural porque la dicha doña Ynés Maldonado fue hija del Dr. Algava…”

   Lorenzo Ferrer Maldonado, el que nos ocupa, se casó con doña Luciana Doncel de Amurrio con quien tuvo al Racionero Pedro Ferrer, de quien tratan las referidas pruebas que citamos. El Capitán Payo de Rivera, que tuvo participación activa en la Guerra por el levantamiento de los moriscos, continua diciendo:

   “A la setima pregunta dijo que este tº (Testigo) conoció a Pedro Doncel de Hamurrio y a doña Beatriz de Montiel, abuelos paternos del dicho Pedro Ferrer, viviendo los susodichos en esta ciudad donde lo vido tener y criar por su hixa lixitima a la dicha doña Luciana Doncel de Hamurrio madre del dicho Pedro Ferrer por la linia materna, y sabe que los susodichos fueron vecinos y naturales el dicho Pedro Doncel de la Vª (villa) de Úbeda y la dicha doña Beatriz de Montiel de la Vª de Úbeda y luego dijo que el dicho Pedro Doncel oyo decir este tº que era natural de la Vª de Cazorla…”

   También de Cazorla, aparece en la base de datos PARES (Portal de los Archivos Españoles) del Ministerio de Cultura, una lista de pasajeros a Indias en los Siglos XVI y XVII, en la que consta un Alonso Doncel de Amurrio, soltero, hijo de Martín Doncel y de Lucía de Amurrio. Me pregunto si tendrá algún parentesco la familia materna de doña Luciana Doncel de Amurrio, madre del navegante Lorenzo Ferrer. Al menos los nombres ya dan que pensar.
El Licenciado Gonzalo de Castaneda, declara como testigo en el expediente de limpieza de sangre en Berja y dice:

“Este testigo conoció y conoce muy bien a Lorenzo Ferrer y a doña Luciana de Amurrio, su mujer y conoció a Juan Ferrer y a doña Ynes Maldonado, su mujer, que este testigo los hubo siempre en possesión de christianos viejos muy limpios sin raza de moros ni conversos ni judíos y por de limpia sangre y generación, nobles de (…) calidad por ser como fue el dicho Juan Ferrer ginoves el cual sigun el testigo oyo decir a su [padre] que fueron vecinos de esta Vª era el dicho Micer Ferrer ginoves, un hombre noble ginoves una casa de Genova de mucha calidad (…) y doña Ynes Maldonado mujer del dicho Juan Ferrer era chistiana noble natural de Guadix hija del doctor Algava…”

   Numerosos documentos citan a Juan Ferrer y lo incluyen entre los martirizados por los moriscos en las Alpujarras almerienses. Valeriano Sánchez Ramos, en su artículo “La colonia genovesa de Adra (Siglos XVI-XVIII) nos cita a Lorenzo Ferrer, abuelo del Lorenzo que nos ocupa, como uno de esos genoveses que tenían actividad en la cuenca del río Adra, con propiedades en la villa de Berja, cita a Juan Ferrer, padre, que murió en la rebelión morisca de 1568 en su propio molino “más por odio a sus desmanes económicos que por su fe católica” – afirma. El dinero acumulado por este pudiente era grandísimo. Su viuda, Doña Inés Maldonado, solicitó al rey en 1584, para sí y sus hijos, censos que representaban una renta anual de 550 ducados. El pago de esa cantidad era inasumible para la Corona, pues en fechas tan críticas suponía según los funcionarios reales: “… sería destruyr la poblaçion de Verja…”. Dª Inés Maldonado, hija del doctor Algaba y doña Francisca Manuel, ya viuda, regresó a Guadix, de donde era natural, con sus hijos. Allí tuvo un gran apoyo de un hermano clérigo: Don Diego de Burgos, beneficiado de la Parroquia de San Miguel, que se debió ocupar de la educación de Lorenzo por quien constituyó una capellanía para que este se hiciera sacerdote y que andado el tiempo, la heredarían los hijos de Lorenzo Ferrer y de su hermana Luisa. Lorenzo tuvo dos hijos clérigos: el Racionero D. Pedro Ferrer, al que se refieren las pruebas de sangre y D. Francisco Ferrer, que al igual que el dramaturgo Antonio Mira de Mescua, desempeñó la capellanía que fundó D. Diego de Briviesca.
  
 D. Carlos Asenjo Sedano, asegura y con razón que la familia de Lorenzo debió vivir muy cerca de la familia Mescua, supongo que por este y otros motivos. Pues en las pruebas de Limpieza de sangre que se hicieron en Guadix en 1631, cuando el poeta y dramaturgo tomó el cargo de Arcediano, entre los testigos declaró Dª Beatriz de Montiel, madre de la que después sería la esposa de Lorenzo Ferrer: Luciana de Amurrio, quien declara que ella estaba presente en casa de los Mescua cuando trajeron a D. Antonio Mira de Mescua recién nacido.

   
   Todo esto que nos cuenta la documentación no es suficiente para dibujar el retrato de Lorenzo Ferrer Maldonado, que debido a su carácter negociante y aventurero, tal vez heredado de sus antepasados genoveses, se le tomó por embaucador y farsante. Tuvieron que transcurrir casi cuatro siglos, para que el explorador noruego Amundsen demostrara que el mito geográfico del navegante accitano no era un mito sino una realidad, pues las coordenadas trazadas para descubrir el Paso del Nordeste coinciden con las señaladas por nuestro paisano en su obra “Relación del descubrimiento del estrecho de Anián” escrita el año 1609 por Ferrer Maldonado.