Translate

viernes, 10 de marzo de 2017

Presentación de "El alba inacabada", de ALICIA MARÍA EXPÓSITO.



“El Alba inacabada”,
De Alicia María Expósito.

Presentación: Patio del Ayuntamiento
 18 de febrero de 2017, 19 h.
 por Dori Hernández Montalbán.

Alicia María Expósito nos ha encargado la agradable tarea, aunque no fácil, de hablar de poesía esta tarde, hablar de su poesía. Responsabilidad que he asumido sin vacilar y, honor inmerecido que le agradezco enormemente.
Quienes me conocéis sabéis que no puedo entender la vida sin poesía, sin arte, en definitiva; y que estoy siempre dispuesta a reivindicar a través de las manifestaciones artísticas un mundo más justo. Como creo que poesía y arte están interrelacionados entre sí a través de vasos comunicantes, a través de diferentes y diversas energías, llegados a este punto conviene preguntarse ¿qué energía fundamental es la que alimenta la poesía.
Toda poesía, en mi opinión, ha de tener corazón, y como consecuencia ha de contener verdad, pues sin verdad la poesía se convierte en simple ornamento, en retórica pura, estampitas amarillas para decorar la casa. Por eso, al leer el poemario de Alicia María me invadió una profunda emoción, al comprobar que la poesía de Alicia está llena de verdad que es igual a belleza, y además, ese corazón que desemboca en verdad, que es igual a belleza es necesario.
La verdad se hace cada día más necesaria, más en este preciso momento en el que vivimos, en este mundo desubicado y en exceso pragmático en el que todos estamos inmersos y no sabemos a dónde parará. Esta desnudez, yo diría, es casi revolucionaria, porque atenta contra toda falsedad e hipocresía. Por eso –los verdaderos poetas- como lo es Alicia María Expósito, a través de su íntima y verdadera visión del universo interior, se baja del carro, de lo farragoso de este mundo, prescinde de oropeles y se instala en la hermosa poesía de la verdad. Esa serena verdad que pone en sintonía cuerpo y alma, que la lleva a la raíz de sus emociones y las convierte en armoniosa melodía. Por lo tanto, apostar por esta poesía de la verdad, implica creer en lo más auténtico y fidedigno del ser humano y efectivamente, la poesía de Alicia bebe de esta tierna esencia, de su íntima verdad. Así las cosas, creo que ella, la poeta y la maravillosa mujer que es Alicia, se ven reflejados en su poesía; inclusive en aquellos márgenes de bruma dolorosa. Eso sí, una vez han sido alumbrados por este Alba inacabada, que no es otra cosa que un permanente amanecer de vida y esperanza.
Al terminar de leer el poemario de Alicia, inmediatamente le escribí un correo diciéndole lo mucho que me había conmovido su poesía:

“Eres inmensa, grande, qué difícil contener ese torrente de vida y expresarlo tan magistralmente. Un abrazo.”

En cuanto a la estructuración del poemario considero que está muy bien estructurado y precisamente expresado en la sinopsis realizada por Jorge Rafael Marruecos Hernández que aparece en la contraportada.
Nuestro cometido no es otro que acompañar a Alicia María en este nuevo vuelo de su segundo poemario. Ahora toca a los lectores disfrutar de sus versos y a los críticos literarios opinar sobre ellos. Una vez que la obra se publica, deja un poco de ser nuestra para ser de todos pero no olvides, Alicia, que los críticos suelen ser como los ornitólogos, que saben todo del pájaro pero no pueden hacerlo volar, pues sólo él conoce el misterio de su vuelo.

Enhorabuena y a volar. 

martes, 7 de marzo de 2017

Manuel Bravo Palacios, el amor terrenal de Josefa Segovia, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN



El año pasado se llevaba a la pantalla la película “Poveda” de Goya producciones, dirigida por Pablo Moreno. La historia del párroco de las Cuevas de Guadix, actualmente Santo, Pedro Poveda, se trasladaba a las pantallas de los cines con gran éxito de taquilla y crítica.
El sacerdote y pedagogo realizó su labor misionera en Guadix, fundando las Escuelas del Sagrado Corazón, actual colegio que lleva su nombre, aplicando los métodos de la Escuela Nueva. Su trabajo despertó la admiración, y también, la envidia de propios y ajenos. 
Es de destacar su interés por la formación de la mujer, cuando abre una academia pedagógica femenina para estudiantes de magisterio y más tarde crea la Institución Teresiana de la mano de la joven estudiante Josefa Segovia Morón.
¿Quién era Josefa Segovia? conocida por los allegados como Pepita, fue una muchacha de Jaén que nació en 1891, hija de un matrimonio joven de modestos recursos: don Manuel Segovia y Doña Dolores Morón, la segunda de una familia numerosa.
Por el tiempo en que Pedro Poveda le ofrece la dirección de una de sus academias tenía 22 años. Había cursado dos cursos en la Escuela Superior de Magisterio de Madrid y se había trasladado a Jaén para cursar el tercero, dedicado a Prácticas y Memoria, según ella misma afirmó: por amor.
Desde los trece hasta casi los dieciocho años de edad, Pepita estudió en la Escuela Normal de Magisterio de Granada. Vivía en la Calle Horno del Haza, en el número 3, con sus tías Matilde e Isabel y sus abuelos. A partir de los diecisiete años, su salud comienza a decaer; una dolencia de estómago de la que nunca terminó de curarse. Su hermana Lola la describe como una muchacha simpática, servicial, nada presuntuosa por estar cursando estudios. Su piedad era “corriente”.  Aunque la familia materna de Granada era más practicante que la paterna. Mujer muy inteligente, que tuvo que realizar grandes esfuerzos y superar dificultades en el hogar de los abuelos y tías de granada, donde conjugaba la colaboración en el hogar con los estudios.
Preocupadas por su salud, las tías no quieren que esté encerrada en casa, confiaban en que saldría airosa de sus estudios, como la habían visto en otras ocasiones. La mandan a la Plaza de los lobos a tomar el aire. Los muchachos de la vecindad, miembros de familias amigas de los Morón, acuden allí. “¡Pepita era muy bonita, muy bonita!” –decía su tía Matilde.
Es en esta plaza, seguramente, donde Pepita comienza sus relaciones con un joven estudiante de Medicina, Manuel Bravo Palacios, a los dieciséis años.
Manuel Bravo Palacios, cuyas raíces familiares proceden, curiosamente de Guadix, era hijo de Manuel Bravo Caldas, Juez de Primera instancia y de Pilar Palacios Vilches, natural de Lucena, cuyo testigo de bodas fue el escritor accitano Pedro Antonio de Alarcón. Manuel Bravo Palacios nació en Arcos de la Frontera, el 7 de abril de 1890, donde su padre estaba destinado.
Joven apuesto e inteligente, el primero de su promoción en la Facultad de Medicina, Manuel Bravo Palacios era todo un caballero. Demetria, la niñera que cuidó de sus hijos, que actualmente tiene 94 años de edad, no se cansa de decirlo: ¡era un señor! Alto, de ojos azules, sombrero y reloj de bolsillo.
Estuvo muy enamorado de Pepita y su relación era aprobada por ambas familias. La muchacha en una carta que escribe a su padre solicitando su permiso para hacerse su novia lo describe así: “Es estudiante de Medicina y lleva la carrera muy adelantada, de muy buena familia, muy buen hijo; el único defecto que le he encontrado siempre es que ha tenido muchas novias aunque desde que está detrás de mi sé con seguridad que no mira a ninguna”. Don Manuel Segovia dio permiso a su hija. Mantuvieron un noviazgo de 8 años, durante el cual Pepita no descuidó sus estudios.
Cuando el sacerdote visitó la casa de Pepita en Jaén, ella se hallaba en estas circunstancias. Las mujeres que estudiaban en la época, la mayoría de las veces no ejercían su profesión, pues estos estudios se consideraban, en ocasiones, un complemento que dotaba de cultura a las futuras esposas de familias acomodadas. Se apasionó por el proyecto de Poveda desde el inicio. Dirigir una academia era una oportunidad que no se le ofrecía a cualquier mujer en aquellos tiempos. Josefa Segovia comprendió más tarde que la creación de la Academia formaba parte de un proyecto más amplio: la Obra Teresiana.
La relación continuó hasta 1915, por entonces Manuel ejercía de médico en el pueblo Jienense de Los Villares, él eligió este destino por estar cerca de su novia, en espera de que pepita obtuviera su Cátedra para decidir su destino definitivo. Pepita fue nombrada Inspectora de Orense. La noche antes de marcharse, la familia comentaba durante la cena, la inconveniencia de que una mujer tan joven, se marchara sola. Entonces Manuel Bravo dijo que lo mejor era casarse y que él pidiera destino allí. Pepita en ese momento cortó tajantemente la relación ante el asombro de todos. La familia de Manuel dice que la despedida se hizo a través de una carta que la novia le escribió, que Manuel llegó a la casa con la expresión desencajada y que su madre, preocupada, la sacó del bolsillo del abrigo más tarde y la leyó.
Tuvieron que pasar 11 años para que Manuel se casara con Concepción Cárdenas, con la que tuvo 5 hijos Concepción, Pilar, Manuel, Rosa y Pepito. Manuel murió joven, con 52 años, un . Su amor por Pepita fue muy grande.