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sábado, 14 de abril de 2018

Jerónimo de Castroverde: un poeta accitano poco conocido, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN.


    

   Fue nuestro paisano Antonio Cuerva, amante de la historia de Guadix, que reside en Madrid, quien me puso sobre aviso, como otras tantas veces, de un personaje hasta ahora desconocido para mí. Se trata de un clérigo accitano llamado Jerónimo de Castroverde, que Gutierre Marqués de Careaga y Vargas, natural de Almería, cita en su obra “Desengaño de Fortuna, muy provechosa y necesario para todo género de gentes y estados”. En la obra, en sus preliminares, recoge varias alusiones a la idea pagana de “fortuna” en forma de composiciones poéticas de autores diversos, entre ellas, un epigrama de “Hieronymus a Castroverde, Guadixensis…” en su forma latina. La pretensión de la obra es advertir al lector de que tiene que dejar de ver los sucesos de la historia y de la vida cotidiana como si obedecieran a una lógica caprichosa, para comprender al fin que detrás de todo está Dios y el orden moral que imponen sus ministros temporales. El libro está impreso en Madrid por Alfonso Martín, con fecha de 1612. El personaje picó mi curiosidad y emprendí una búsqueda documental en el Archivo Diocesano de Guadix sin demasiadas esperanzas, en principio, sirviéndome de la base de datos que se está realizando de los fondos del mismo.  Para mi sorpresa comenzaron a aparecer numerosos registros de un Jerónimo de Castroverde, canónigo, en la sección de Pleitos, Órdenes sagradas y Expedientes de limpieza de Sangre. El éxito de la búsqueda fue tan grato como inesperado, pues nada sabíamos del desconocido poeta salvo que era de Guadix, como bien consta en la obra de Careaga.  Este Jerónimo de Castroverde, según el expediente de orden sagrada, nació en Guadix y fue bautizado en la Parroquia de Santiago. En el expediente, por suerte, está la partida de bautismo y la de confirmación, algo que no es muy común en los expedientes de la época. El documento dice (con ortografía actualidada):

   “Juan de Molina, notario apostólico y público de la audiencia episcopal de esta ciudad de Guadix y su diócesis doy fe que en el libro de bautismo de la iglesia parroquial del Sr. Santiago de esta ciudad de Guadix en donde se escriben las criaturas que se bautizan parece que en el año de mil quinientos y ochenta años entre los (…) capítulos que hay comienza uno que dice así:
Hieronimo
Baupmo.
En veinte y uno de septiembre bauticé a Jerónimo hijo de Bernabé de Ocaña y de Magdalena de Anguita su mujer, fueron sus compadres Alonso Ortiz, clérigo y María Sánchez, viuda // Alonso Ortiz.
Iten parece por un libro de bautismos de marca de medio pliego de (…) que en la ciudad de Guadix a tres días del mes de abril de quinientos ochenta y nueve años en la iglesia parroquial del Sr. Santiago el Sr. Don Juan Alonso de Moscoso, Obispo que fue de esta ciudad en él hoy administró el Sto. Sacramento de la confirmación a muchas personas, una de las cuales fue Jerónimo y dice el capítulo así:
Jerónimo hijo de Bernabé de Ocaña
Y al fin del dicho libro de la dicha confirmación dice: fue padrino de todos los confirmados Diego López de Hinojosa, clérigo…”

    Don Jerónimo recibió las órdenes sagradas en el año 1595, según consta en el expediente. Muy joven, con sólo quince años, pues según la partida de bautismo nació en 1580.

   Veintidós años más tarde, según consta en el expediente de limpieza de Sangre de 1617, es propuesto por el rey para el cargo de racionero de la S. A. I. Catedral que había quedado vacante por la muerte del doctor Salvador del Pozo. En las dichas pruebas, en las que se averigua su linaje, con objeto de demostrar que sus ascendientes eran cristianos viejos, “sin mácula de moriscos, judíos o penitenciados por el Santo Oficio de la Inquisición”, requisito indispensable para tomar estado eclesiástico en la época, constan los nombres de sus padres y abuelos, los nombres de sus progenitores concuerdan con los de la partida de bautismo. La madre, Magdalena de Anguita, era natural de natural de la villa de Martos, hija de Bartolomé Sánchez de Morales y de Catalina de Anguita, casados en dicha villa y se trasladaron a Guadix recién nacida su hija. El padre, Bartolomé de Ocaña, era natural de Jaén, hijo de Nicolás de Ocaña y de Elena de Enbuenora.

    La fecha de dicho expediente es posterior a la impresión de la obra del Marqués de Careaga, eso puede indicar que don Jerónimo ya era conocido como poeta fuera de Guadix. Fue contemporáneo del conocido poeta y dramaturgo Accitano Antonio Mira de Amescua y hay constancia documental de que ambos se conocieron pues cuando el Doctor Mira juró su cargo de Arcediano en 1632, el Doctor Castroverde formaba parte de los testigos en esa fecha como puede leerse en el libro XII de Actas Capitulares del Cabildo de la Catedra, de fecha 1632, folio 581 y siguiente.

   “…Y fueron todos a ver jurar al dicho Doctor Don Antonio Mira, al Licenciado Cobo, Pertiguero; y el Licenciado Tadeo Núñez, Maestro de Ceremonias desta Santa Iglesia y Diego Martínez, Colegial y a la posesión fueron todos. El Licenciado Asensio de Molina, Provisor; y el maestro Francisco Jiménez, visitador deste obispado; y el Doctor Jerónimo Castroverde; y el Licenciado Pedro Ferrer, y Don Juan Arias de Arias, Corracioneros; y otras muchas personas, así eclesiásticas como seglares que se hallaron presentes = Ante mí, el licenciado Damián Núñez”

    Me atrevo a afirmar que ambos se conocieran ya en los ambientes literarios de la corte, pues según Willard F. King, en su libro “Juan Ruiz de Alarcón, letrado y dramaturgo: su mundo mexicano y español “Jerónimo de Castroverde consta como personaje relacionado con  el también dramaturgo mexicano, Juan Ruiz, amigo que fue de don Antonio Mira de Amezcua.

   Teniendo en cuenta la escasa documentación que se tiene de la vida literaria del personaje que nos ocupa, lleva a pensar que no llegó a alcanzar la fama y trascendencia de Mira de Amescua.



miércoles, 21 de marzo de 2018

María de San Torcuato, monja obligada a profesar en el Convento de la Concepción de Guadix, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN.



Entre los numerosísimos documentos que se custodian en el Archivo Histórico Diocesano de Guadix, en la sección de Audiencia Eclesiástica, pleitos, se halla el que debajo trascribo (una parte) con ortografía actualizada para una mejor comprensión.

Lo singular de esta pieza, es que se trata de un pleito de 1618, en el que se defienden los derechos legítimos de una joven monja que fue obligada a profesar siendo una niña. Que además pertenecía a la casa de una familia poderosa: los Barradas, señores del conocido Palacio de Peñaflor. Siendo Don Fernando de Barradas y Figueroa, hermano del Maestre de Campo Don Lope de Figueroa.

Otra singularidad del documento es que se trata de la hija de una esclava morisca de la familia. Esta circunstancia no es extraña, dado que era muy común que las esclavas tuvieran hijos, muchos de ellos de los propios amos.  Pero ¿quién era realmente María de San Torcuato para ser depositada en un convento del que don Fernando de Barradas era patrono? Este asunto me hizo recordar una clausula del testamento de don Lope de Figueroa en el que se dice:

“Item en cada año se den a Doña Jerónima, mi hija que está en la Concepción del monasterio de Guadix treinta ducados mientras viviere.”

No hay constancia de que Don Lope de Figueroa llegara a casarse,  y en su testamento no se cita ninguna viuda. ¿Era doña Jerónima la monja María de San Torcuato, hija de don Lope? ¿Por qué la obligó a profesar don Fernando, heredero del anterior?

Son algunos de los interrogantes que me hago…, tal vez llevando mi imaginación muy lejos de la verdad, pero no podemos saberlo de momento.



Encabezamiento: Mª de San Torcuato a las monjas, en la ciudad de Guadix a veinte días del mes de septiembre de mil seiscientos diez y ocho años. María de San Torcuato monja en el Convento de la Concepción de esta ciudad […]

“Cristóbal Marsal, en nombre de María de San Torcuato, monja en esta ciudad, en aquella vía y forma que mejor haya lugar de derecho, demando ante VSª [Vuestra Señoría] a la Abadesa y monjas del dicho convento y permiso necesario digo que siendo mi parte niña de poca edad que aun no tenía diez años, don Fernando de Barradas y Figueroa, patrono del dicho monasterio y convento para Sargenta contra su voluntad y consentimiento por no poderlo tener ni aun uso de razón y llegado el tiempo de la profesión de mi parte, aunque la reclamó y contra el dicho Fernando de Barradas, la obligó y forzó a que hiciese la dicha profesión con grandes amenazas que le hizo diciendo que, por haber mi parte nacido en su casa de una morisca esclava suya, si no hacía la dicha profesión la había de volver a su casa y encerrarla como a su esclava y servirse de ella teniéndola por tal, de cuya causa y de ser como era el dicho don Fernando de Barradas de los caballeros más poderosos que se hallaron en aquel tiempo en esta República y de terrible condición y tal que cualesquiera amenazas ponía en […] con este justo miedo que podía mover cualquier mujer constante, hizo mi parte su profesión en la cual y antes y después de ella la reclamó y descubrió su ánimo, que fue de no hacerla. Y así luego que murió el dicho don Fernando de Barradas, reclamó mi parte su profesión por haber sido ninguna y trató de intentar pleito como ahora lo hace. Porque pido y suplico a Vuestra Señoría que habida por cierta esta relación haga a mi parte entero cumplimiento de justicia, dando por ninguna y de ningún valor y efecto la dicha profesión, declarando a mi parte por mujer libre y no sujeta a religión, condenando a la Abadesa y monjas del dicho convento a que dejen salir del libremente a mi parte y le vuelvan e restituyan y entreguen todos y cualesquier bienes que llevó al dicho convento y pareciere ser suyos, proveyendo en todo como más convenga a la justicia de mi parte […]”